Disc

Crèdits:
Lorca, musicat i dramatitzat per Joel Minguet
Lletra: Federico García Lorca
Música: Joel Minguet
Veu i guitarra: Joel Minguet

Producció Musical: Marcos Bayón i Joel Minguet
Arranjaments musicals: Marcos Bayón
Preproducció musical: Javier Garrido i Joel Minguet
Artwork i fotografia: Jordi Musquera
Vestuari: Carme Trías
Mecenas: Pantera Rosa

Gravat, mesclat, i masteritzat “Prasat Bayon Studio a finals del 2017

SI MIS MANOS PUDIERAN DESHOJAR

(10 de noviembre de 1919 – Granada)
Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras
cuando vienen los astros
a beber en la luna
y duermen los ramajes.

De las frondas ocultas
y yo me siento hueco
de pasión y de música.
Loco reloj que canta
muertas horas antiguas.

Yo pronuncio tu nombre
en esta noche oscura
y tu nombre me suena
más lejano que nunca
más lejano que todas las estrellas
y más doliente que la mansa lluvia.

¿Te querré como entonces
alguna vez? ¿Qué culpa
tiene mi corazón?
Si la niebla se esfuma,
¿qué otra pasión me espera?
¿Será tranquila y pura?
¡¡Si mis dedos pudieran
deshojar a la luna!!

CANTOS NUEVOS

(Agosto de 1920 – Vega de Zujaira)
Dice la tarde:
“¡Tengo sed de sombras!”
Dice la luna:
“¡Yo, sed de luceros!”
La fuente cristalina
pide labios
y suspira el viento.
Yo tengo sed de aromas y de risas,
sed de cantares nuevos
sin lunas y sin lirios,
y sin amores muertos.
Un cantar de mañana que estremezca
a los remansos quietos del porvenir
y llene de esperanza

sus ondas y sus cienos.
Un cantar luminoso y reposado
pleno de pensamiento,
virginal de tristeza y de angustias
y virginal de ensueños.
Cantar sin carne lírica que llene
de risas el silencio.
(Una bandada de palomas ciegas
lanzadas al misterio)
Cantar que vaya al alma de las cosas
y al alma de los vientos
y que descanse al fin en la alegría
del corazón eterno.

TARDE

(Noviembre de 1919)
Tarde lluviosa en gris cansado
y sigue el caminar.

Los árboles marchitos.
Mi cuarto, solitario.
Y los retratos viejos
y el libro sin cortar…

Chorrea la tristeza por los muebles
y por mi alma. Quizá,
no tenga para mi naturaleza
el pecho de cristal.

Y me duele la carne del corazón
y la carne del alma.
Y al hablar,
se quedan mis palabras en el aire
como corchos sobre agua.

Sólo por tus ojos
sufro yo este mal,
tristeza de antaño
y las que vendrán.

Tarde lluviosa en gris cansado
y sigue el caminar.

ENCRUCIJADA

(Julio de 1920)
¡Qué dolor el tener
versos en la lejanía
de la pasión, y el cerebro
todo manchado de tinta!

¡Qué dolor no tener
la fantástica camisa
del hombre feliz:
la piel, – alfombra de sol – curtida!

(Alrededor de mis ojos
bandadas de letras giran)

¡Qué dolor el dolor
antiguo de la poesía,
este dolor pegajoso
tan lejos del agua limpia!

¡Dolor de lamentarse
por sorber la vena lírica!
¡Dolor de fuente ciega
y molino sin harina!

¡Qué dolor no tener
dolor y pasar la vida
sobre la hierba incolora
de la vereda indecisa!

¡El más profundo dolor,
el dolor de la alegría,
reja que nos abre surcos
donde el llanto fructifica!

(Por un monte de papel
asoma la luna fría)

¡Oh dolor de la verdad!
¡Oh dolor de la mentira!

CHOPO MUERTO

(1920)
¡Chopo viejo!
has caído
en el espejo
del remanso dormido,
abatiendo tu frente
ante el poniente.

No fue el vendaval
ronco
el que rompió tu
tronco,
ni fue el hachazo
grave
del leñador que sabe
has de volver a nacer.

Fue tu espíritu fuerte
el que llamo a la muerte,
al hallarse sin nidos,
olvidado
de los chopos infantes del prado.

Fue que estabas sediento
de pensamiento,
y tu enorme cabeza
centenaria,
solitaria,
escuchaba los lejanos
cantos de tus hermanos.

En tu cuerpo guardabas
las lavas de tu pasión,
y en tu corazón
el semen sin futuro
de Pegaso.

La terrible simiente
de un amor inocente
por el sol de ocaso.

¡Que amargura tan honda
para el paisaje,
el héroe de la fronda
sin ramaje!

Ya no serás la cuna de la luna,
ni la mágica risa
de la brisa,
ni el bastón de un lucero
caballero.
No tornará la primavera
de tu vida,
ni verás la sementera florecida.
Serás nidal de ranas
y de hormigas.
Tendrás por verdes canas
las ortigas.

Y un día la corriente
llevará tu corteza con tristeza.

¡Chopo viejo!
Has caído
en el espejo
del remanso dormido.

Yo te vi descender
en el atardecer
y escribo tu elegía,
que es la mía.

HORA DE ESTRELLAS

(1920)
El silencio redondo de la noche
sobre el pentagrama del infinito.

Yo me salgo
desnudo a la calle
maduro de versos perdidos.

Lo negro,
acribillado por el canto del grillo,
tiene ese fuego fatuo, muerto,
del sonido,
esa luz musical que percibe el espíritu.

Los esqueletos de mil mariposas
duermen en mi recinto.

Hay una juventud de brisas locas
sobre el río.

LA BALADA DEL AGUA DEL MAR

(1920 – A Emilio Prados – Cazador de nubes)
El mar,
sonríe a lo lejos.
Dientes de espuma,
labios de cielo.

¿Qué vendes, oh joven turbia,
con los senos al aire?
Vendo, señor, el agua
de los mares.

¿Qué llevas, oh negro joven,
mezclado con tu sangre?
Llevo, señor, el agua
de los mares.

¿Esas lágrimas salobres
de dónde vienen madre?
Lloro, señor, el agua
de los mares.

Corazón y esta amargura
seria ¿de dónde nace?
¡Amarga mucho el agua
de los mares!

El mar,
sonríe a lo lejos.
Dientes de espuma,
labios de cielo.

MADRIGAL

(1919)
Yo te miré a los ojos
cuando era un niño y
bueno.
Tus manos me rozaron
y me diste un beso.

(Los relojes llevan
la misma cadencia,
y las noches tienen
las mismas estrellas)

Y se abrió mi corazón
como una flor bajo el cielo,
los pétalos de lujuria
y los estambres de sueño.

(Los relojes llevan
la misma cadencia,
y las noches tienen
las mismas estrellas)

En mi corazón sollozaba
como el príncipe del cuento
por Estrellita de oro
que se fue de los torneos.

(Los relojes llevan
la misma cadencia,
y las noches tienen
las mismas estrellas)

Yo me alejé de tu lado
queriéndote sin saberlo.
No sé cómo son tus ojos,
tus manos ni tus cabellos.
Sólo me queda en la frente
la mariposa del beso.

(Los relojes llevan
la misma cadencia,
y las noches tienen
las mismas estrellas)

DESEO

(1920)
Sólo tu corazón
caliente,
y nada más.
Mi paraíso un
campo
sin ruiseñor
ni liras,
con un río discreto
y una fuentecilla.

Sin la espuela del
viento
sobre la fronda,
ni la estrella que
quiere
ser hoja.
Una enorme luz
que fuera
luciérnaga
de otra,
en un campo de
miradas rotas.

Un reposo claro
y allí nuestros
besos,
lunares sonoros
del eco,
se abrirían muy
lejos
y tu corazón caliente,
nada más.

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